Cada cierto tiempo conviene parar y mirar el mapa completo. Eso es exactamente lo que ha hecho la Cátedra SEKUENS para el Análisis de la Innovación en Asturias (Universidad de Oviedo) en su último informe, que actualiza el diagnóstico de la estructura productiva regional realizado en 2020 incorporando las nuevas Tablas Input-Output de Asturias de 2021 (SADEI) y, por primera vez, un análisis de redes que cubre más de 25 años de evolución económica, de 1995 a 2021.
El resultado es una fotografía útil para cualquier empresa que se pregunte dónde está realmente posicionada Asturias y hacia dónde conviene dirigir esfuerzos de inversión e innovación.
Una economía que mejora, no que se estanca
El informe clasifica las 64 ramas de actividad de la región cruzando dos variables: especialización (¿está Asturias más concentrada en ese sector que la media nacional?) y productividad relativa (¿es más productiva en ese sector que su entorno?). El cruce arroja cuatro tipos de sectores, y la buena noticia es que los dos grupos «ganadores» han crecido:
- 13 sectores sólidos (alta especialización + alta productividad), frente a los 8 de hace unos años.
- 15 sectores con potencial (alta productividad, pero aún sin especialización consolidada), frente a los 14 anteriores.
Entre los que más han mejorado su productividad destacan la investigación y desarrollo (+112 %), el material eléctrico y electrónico (+66 %), la metalurgia (+52 %) y los servicios financieros (+48 %). Son, en buena medida, las actividades que están tirando del cambio de modelo productivo asturiano.
El centro de la red se mueve de la industria pesada a los servicios avanzados
Quizás el hallazgo más interesante del informe no está en los indicadores clásicos, sino en el análisis de redes. Representando cada sector como un nodo y cada relación de compra-venta entre sectores como un vínculo, la Cátedra ha podido observar cómo ha cambiado la «arquitectura interna» de la economía asturiana en las últimas tres décadas.
Dos datos lo resumen bien:
- La densidad de la red ha subido del 9,1 % en 1995 al 10,6 % en 2021, y el número medio de vínculos por sector ha pasado de 4,4 a 6,2.
- El centro de gravedad se ha desplazado. En 1995 y 2005 eran la construcción, el transporte y el comercio mayorista los sectores más «centrales». Hoy ese papel lo ocupan los servicios avanzados: los servicios financieros, por ejemplo, han pasado de 6 a 29 vínculos activos con el resto de la economía.
Traducido a lenguaje empresarial: Asturias es hoy una economía más tejida, con más sectores dependiendo unos de otros, y ese tejido pivota cada vez más sobre servicios profesionales, financieros y tecnológicos, no solo sobre la industria tradicional.
La asignatura pendiente: conectar la ciencia con la empresa
No todo son buenas noticias. El informe señala un punto débil que conecta directamente con la misión de la Red Empresarial de Innovación: la I+D asturiana está cada vez más desconectada del tejido productivo. Sus vínculos activos con el resto de los sectores han caído de 6 a 2 entre 1995 y 2021.
Esto no significa necesariamente que se investigue menos (de hecho, la productividad del sector de I+D es la que más ha crecido de toda la región), sino que buena parte de esa investigación se queda dentro de las organizaciones que la generan, sin traducirse en contratos, transferencia tecnológica o spin-offs hacia las empresas. Es, en el fondo, el mismo problema que venimos viendo desde la REI en nuestro trabajo diario con pymes: el conocimiento existe, pero faltan puentes que lo lleven hasta el tejido productivo.
Dos apuestas para los próximos años
El informe cierra apuntando a dos ámbitos donde la Cátedra profundizará en próximos trabajos, y que coinciden con tendencias que llevamos tiempo observando sobre el terreno:
- La industria de defensa, apoyada en el complejo metalmecánico regional (metalurgia, productos metálicos, maquinaria), uno de los bloques más sólidos y mejor conectados de la economía asturiana.
- La digitalización y la inteligencia artificial, como motor de transformación de unos servicios avanzados que, como hemos visto, ya ocupan el centro de la red productiva regional.
En definitiva, el informe confirma que Asturias cuenta con una economía más diversa, más conectada y con una base sólida para afrontar los retos de la transformación industrial. El desafío ahora será convertir ese potencial en proyectos empresariales, reforzando la colaboración entre empresas, centros de conocimiento e instituciones y favoreciendo una mayor transferencia de conocimiento hacia el tejido productivo. Desde la Red Empresarial de Innovación de FADE seguiremos trabajando para impulsar esa conexión, facilitando que la innovación llegue a las empresas y se traduzca en más competitividad y crecimiento para Asturias.


