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 Una agenda para hacer protagonistas a Asturias y sus empresas

 Una agenda para hacer protagonistas a Asturias y sus empresas

Arrancamos 2026 con una paradoja que conviene mirar de frente: España mantiene un pulso de crecimiento y creación de empleo que, en términos agregados, resiste mejor que muchas economías europeas. Y es que los números de empleo crecen, pero lo hacen sin dejar réditos en la capacidad adquisitiva de los españoles. Europa negocia acuerdos de libre comercio, aunque lo hace empujada por un entorno internacional crecientemente inestable, con más fricciones, más geopolítica en las cadenas de suministro y más incertidumbre… Nos movemos por un escenario que parece acompañar, pero que quizás sea solo un decorado.

Los últimos datos disponibles del INE apuntan a una economía que todavía avanza con tracción: en el tercer trimestre de 2025 el PIB creció un 0,6% y un 2,8% interanual, con una demanda nacional fuerte y una contribución externa negativa.  Esa composición del crecimiento dice mucho: consumimos e invertimos, sí, pero el exterior ya empieza a reflejar las tensiones que se acumulan en el comercio global.

Y el comercio es, precisamente, uno de los termómetros más sensibles de lo que puede venir. La OMC prevé una desaceleración clara del volumen del comercio mundial de mercancías: del 2,4% en 2025 al 0,5% en 2026.  Cuando el comercio se enfría, las regiones industriales y exportadoras lo notan antes y más. Asturias, con empresas que compiten fuera, que venden soluciones industriales y servicios avanzados, no puede permitirse mirar estos cambios como un asunto “de Bruselas” o “de Washington”. No nos es ajeno. Estamos hablando de competitividad real, de pedidos, de márgenes y de empleo.

En este marco, el proteccionismo vuelve a ser un factor de primer orden. Estados Unidos ha endurecido su enfoque arancelario, y fuentes oficiales de internacionalización ya advierten de regímenes que elevan aranceles mínimos sobre importaciones desde la UE.  El resultado es un mundo con más barreras, más litigios y más necesidad de “escudos” comerciales. Para una economía abierta, la respuesta no puede ser resignarse: debe ser diversificar mercados, ganar productividad y acelerar la transición industrial y energética sin perder capacidad productiva.

También hay otra geopolítica igual de decisiva: la de los recursos críticos. Groenlandia se ha convertido en un símbolo de la nueva economía estratégica: minerales críticos, tierras raras y materiales indispensables para tecnologías digitales, defensa y transición energética.  Cuando los recursos pasan a ser un activo geopolítico, la industria europea necesita dos cosas: asegurar suministros y consolidar capacidades internas (procesado, transformación, reciclaje, sustitución tecnológica…). Esta es una conversación que Asturias debe liderar desde su perfil industrial: abandonar la lista de espectadores y situarnos como parte de la solución. Solo depende de nosotros.

En este contexto, hay dos noticias comerciales que conviene leer con rigor. La primera: la UE y la India han cerrado un acuerdo de libre comercio que abre un mercado enorme y, sobre todo, aporta una señal política de que Europa quiere competir con alianzas y reglas, no con repliegues.  La segunda: el acuerdo UE–Mercosur sigue debatiéndose, algo que exige (y siempre lo hemos defendido) salvaguardas claras para los sectores sensibles y para el equilibrio territorial.  Asturias, como región exportadora e industrial, necesita que Europa avance en acuerdos útiles, pero también que lo haga con seguridad jurídica, reglas de competencia justas y exigencias equivalentes para terceros países. Si no es así, los buenos titulares que dejan estos movimientos pueden traer consecuencias peligrosas para nuestra economía.

Con este diagnóstico, FADE encara 2026 con una agenda clara: proteger y mejorar la competitividad de la empresa asturiana en un año donde el crecimiento no se consolidará por inercia, sino por decisiones.

Simplificación administrativa y reducción de burocracia

La burocracia no es una molestia: es un coste, un freno a la inversión y una penalización directa a la pyme. En 2026 vamos a insistir, con más método y más exigencia, en una agenda de simplificación medible: menos tiempos, menos duplicidades, más interoperabilidad, más silencio positivo cuando proceda y ventanillas únicas que funcionen de verdad. Porque cuando un proyecto se retrasa seis meses por trámites, ese proyecto no “espera”: se cae, se va o se encarece.

Infraestructuras y Noroeste

La competitividad territorial se juega en corredores, nodos logísticos y fiabilidad. Asturias necesita un salto en conectividad y capacidad logística para ser un actor industrial plenamente integrado. El Noroeste no puede seguir operando con cuellos de botella estructurales. Esta será una prioridad política y técnica: inversión, planificación y cumplimiento de plazos, con foco en la industria y en el comercio exterior.

Empleo y formación

España cerró 2025 con cifras históricas de ocupación y una tasa de paro por debajo del 10%, según los datos de cierre anual que recogen los medios a partir de la EPA.  En Asturias, el balance es más mixto: se crean empleos, pero hay señales de fragilidad que obligan a actuar con precisión.  El reto ya no es solo “crear empleo”, sino encontrar perfiles, reducir desajustes y elevar productividad. FADE priorizará la formación orientada a demanda real, la FP Dual útil, la recualificación en competencias industriales y digitales y una estrategia de atracción y retorno de talento.

Industria y energía

No hay prosperidad sin base productiva. La transición energética debe ser una oportunidad industrial, no un proceso de sustitución que deje atrás capacidad y empleo. En Asturias esto significa garantizar seguridad de suministro, redes y potencia disponible, acelerar proyectos con trámites ágiles y asegurar un marco estable para invertir en descarbonización sin perder competitividad frente a terceros países. Europa habla de autonomía estratégica; Asturias puede ser parte de esa autonomía si se dan condiciones.

Digitalización e IA

La IA ya no es un “tema tecnológico”; es una palanca de productividad transversal. Pero para que sea una palanca y no una brecha, hay que aterrizarla en la pyme: casos de uso, capacitación, ciberseguridad, datos, y una administración que digitalice de verdad sus procesos para no trasladar el coste al administrado. El objetivo en 2026 es claro: más productividad y mejor servicio, no más capas.

Internacionalización (UE e Iberoamérica)

En un mundo con aranceles, fricciones y competencia por recursos, internacionalizarse es diversificar riesgos. El acuerdo UE–India abre oportunidades; el bloqueo de Mercosur obliga a sostener el trabajo mientras se despeja el calendario.  FADE reforzará la internacionalización como estrategia, especialmente para pymes que necesitan acompañamiento, inteligencia de mercado y alianzas. Pero también estaremos vigilantes para proteger nuestra industria, nuestro acero y nuestro campo.

Vivienda

La vivienda se ha convertido en un factor económico y empresarial: condiciona contratación, retención de talento y movilidad. Si queremos atraer perfiles de calidad no basta con empleo: hace falta acceso razonable a vivienda. En 2026 plantearemos propuestas para aumentar oferta, acelerar gestión urbanística y facilitar rehabilitación, con equilibrio territorial y seguridad jurídica.

Este es el punto: 2026 no será un año de discursos, sino de ejecución. En un contexto internacional de aranceles, recursos estratégicos y acuerdos comerciales que avanzan o se bloquean, la mejor defensa de Asturias es una agenda interna de competitividad: menos burocracia, mejores infraestructuras, más talento, energía competitiva, industria fuerte, digitalización práctica, más mercados y vivienda accesible. FADE estará ahí, con una posición clara: la empresa no es un actor más; es el motor que sostiene empleo, ingresos públicos y cohesión social. Y por eso, en tiempos inciertos, la política económica más responsable es la que facilita que las empresas inviertan, crezcan y compitan.

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